No suelo dedicarme a pensar en cuantas ovejas voy, pero lo que si me detengo a pensar es en cuantos elefantes rosados puedo balancear sin dejar caer mi estado de ánimo. Últimamente me siento en un constante columpio. Por momentos estoy extasiado de la situación y luego suelo olvidarme por qué me subí a balancearme con tanta fuerza que ya no puedo parar. Al final siempre termino saltando.
Hay nubes que dibujan. Y hay nubes que sólo son eso, nubes.
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