jueves, 31 de enero de 2013

Curioso mis viajes.



Hace poco acabo de regresar de mi viaje anual. En estos últimos años desde que terminé la universidad (para ser exactos el 2009) me dedico a recibir el nuevo año en un lugar diferente al lugar en donde esté radicando en ese momento. Bueno, esta vez me tocó recibir el nuevo año en la ciudad de Cusco, Perú (Aunque en lo personal me gusta decir “Cosco” como lo llamaban en su lengua nativa los antiguos habitantes de la zona).

Me doy cuenta que los viajes son reconfortantes en mi persona, ya que siempre suelen hacerme ver algún rastro de fantasmas que ya creía superado, pero que aún debo soltarlos por completo. Incluso en estos viajes suelen hacer aparecer por ahí, alguna nueva faceta muy diferente a la que creía tener; sea lo que sea, en este viaje me di cuenta lo mucho que anhelo encontrar la paz. No la típica paz que se desea por buscar un estado de iluminación, sino, todo lo contrario. El anhelo de la paz por considerarme en un estado inestable-atormentado, simplemente por salir de ese estado.

Curioso la primera vez que acepté en este viaje (y en mi vida) la palabra atormentado. Recuerdo poder darme cuenta lo difícil que es hallarme en paz al oír las historias del ya fenecido Imperio Inca y la importancia que daban a las deidades naturales como representación de lo que yo creo en fe que es el poder de Dios. Lo cierto y lo único que pude sentir en este viaje es la paz por querer encontrar la paz. El deseo de salir de mi atormentado estado y hallar ese estado al que denomino paz. No hay un motivo diferente al que no me lleve pensar que lo encontraré por medio de la oración hacia Dios. Más que una petición, una charla con él. Tal como leí en una novela, hay dos formas de encontrar esa espiritualidad: La primera es escuchar, y la segunda hablar; y pues, prefiero optar por ahora por la segunda.

No quiero caer en ser el ferviente católico, porque considero que lo mío no va por ese lado; y tal como decía mi abuelo “la iglesia y la religión solamente sirven para moralizar al hombre”, y puedo moralizarme de otras formas que no me alejen de lo que considero la aceptación de Dios (sea cual sea el Dios) como un confidente mío no sólo en momentos malos, sino, también en los buenos. Creo que no podré disfrutar de su total creación que es la naturaleza, sino puedo estar abierto a aprender y transformarme con cada momento que pueda vivir en otros lugares, personas y soledades.

Por ahora, me reservo el derecho a seguir viendo mi próximo destino y saciar esas ganas de viajar para encontrar la naturaleza de mi ser. Tal como lo aprendí hace mucho tiempo de los japonés, es necesario hacer un viaje de autodescubrimiento para poder emprender a descubrir la experiencia de vivir. Y bueno, como sabrán de algo se empieza.

Realmente curioso como acepté en mi vida esa palabra atormentado. Curioso como quiero aceptar a Dios y su obra. Curioso cómo me di cuenta que me desconozco. Curioso como tengo que aprender a amarme. Curioso mis viajes.

Todo lo que se entierra no significa que eche raíces, y no todo lo que tiene raíces signifique que pueda florecer. Hay pájaros que vuelan y otros simplemente cantan.

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