Hace
poco acabo de regresar de mi viaje anual. En estos últimos años desde que
terminé la universidad (para ser exactos el 2009) me dedico a recibir el nuevo
año en un lugar diferente al lugar en donde esté radicando en ese momento.
Bueno, esta vez me tocó recibir el nuevo año en la ciudad de Cusco, Perú
(Aunque en lo personal me gusta decir “Cosco” como lo llamaban en su lengua
nativa los antiguos habitantes de la zona).
Me
doy cuenta que los viajes son reconfortantes en mi persona, ya que siempre
suelen hacerme ver algún rastro de fantasmas que ya creía superado, pero que
aún debo soltarlos por completo. Incluso en estos viajes suelen hacer aparecer
por ahí, alguna nueva faceta muy diferente a la que creía tener; sea lo que
sea, en este viaje me di cuenta lo mucho que anhelo encontrar la paz. No la
típica paz que se desea por buscar un estado de iluminación, sino, todo lo
contrario. El anhelo de la paz por considerarme en un estado
inestable-atormentado, simplemente por salir de ese estado.
Curioso
la primera vez que acepté en este viaje (y en mi vida) la palabra atormentado.
Recuerdo poder darme cuenta lo difícil que es hallarme en paz al oír las
historias del ya fenecido Imperio Inca y la importancia que daban a las
deidades naturales como representación de lo que yo creo en fe que es el poder
de Dios. Lo cierto y lo único que pude sentir en este viaje es la paz por querer
encontrar la paz. El deseo de salir de mi atormentado estado y hallar ese
estado al que denomino paz. No hay un motivo diferente al que no me lleve
pensar que lo encontraré por medio de la oración hacia Dios. Más que una
petición, una charla con él. Tal como leí en una novela, hay dos formas de
encontrar esa espiritualidad: La primera es escuchar, y la segunda hablar; y pues,
prefiero optar por ahora por la segunda.
No
quiero caer en ser el ferviente católico, porque considero que lo mío no va por
ese lado; y tal como decía mi abuelo “la iglesia y la religión solamente sirven
para moralizar al hombre”, y puedo moralizarme de otras formas que no me alejen
de lo que considero la aceptación de Dios (sea cual sea el Dios) como un
confidente mío no sólo en momentos malos, sino, también en los buenos. Creo que
no podré disfrutar de su total creación que es la naturaleza, sino puedo estar abierto a aprender y transformarme con
cada momento que pueda vivir en otros lugares, personas y soledades.
Por
ahora, me reservo el derecho a seguir viendo mi próximo destino y saciar esas
ganas de viajar para encontrar la naturaleza de mi ser. Tal como lo aprendí
hace mucho tiempo de los japonés, es necesario hacer un viaje de
autodescubrimiento para poder emprender a descubrir la experiencia de vivir. Y
bueno, como sabrán de algo se empieza.
Realmente
curioso como acepté en mi vida esa palabra atormentado. Curioso como quiero
aceptar a Dios y su obra. Curioso cómo me di cuenta que me desconozco. Curioso
como tengo que aprender a amarme. Curioso mis viajes.
Todo
lo que se entierra no significa que eche raíces, y no todo lo que tiene raíces
signifique que pueda florecer. Hay pájaros que vuelan y otros simplemente
cantan.
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