Ya no hacen los sueños como antes. Ahora vienen prefabricados.
La vida da situaciones en donde lo único que nos separa de una realidad a otra, es la forma como la tomemos o en todo caso como la redireccionemos; sí, redireccionar, no crear; porque crear sería sacarlo de la nada (entendiéndose nada como un "sin ideas", un "espontáneamente", un "y se creo sin más") y las situaciones no se crean, se dan. Se dan en la interacción. Lo sueños son eso, interacciones con nuestra realidad; interacciones que no pueden hacerse realidad, porque si se hacen realidad siempre fueron metas y no sueños.
Soñar implica mucho más que pensar, mucho más que idealizar, mucho más que creer. Soñar implica moldear lo lógico con lo ilógico dentro de un mundo multicolor a nuestro gusto, un mundo en donde la única dirección estelar siempre apuntará a uno. La fantasía pluralista hecha realidad en una realidad que no pertenece a ningún otro, sólo a uno. Por más que existan similitudes, son únicos para nosotros y no inigualables. Aquellos sueños que nacen en amaneceres, noches, cuando llueve o hace sol, cuando invierna o crecen las plantas. Aquellos sueños que nos recuerda el sabor metafórico de nuestras más grandes sonrisas. Aquellos sueños en donde divagas por ratos como si fueran horas y pasaste horas en ellos. Aquellos sueños que no despiertas sin sonreír. Aquellos sueños que con mirada fija a tus más entrañables deseos de ilusión, sientes tenerlos en tus manos, palparlos y "verlos". Aquellos que te hacen sentir la persona más importante del momento; en donde sólo disfrutas sin tomar en cuenta la existencia ajena y optas por tomarlos como figuras externas que rondan sin mayor importancia. Aquellos sueños que sueles escarbar en tus más profundos recuerdos de infancia y logras recordar el motivo del por qué reías con ganas, del por qué disfrutabas esos momentos. Sueños que esperabas cumplirlos a riendas sueltas cuando pudieras. Sueños que ahora son sueños más elaborados. Más reales de irrealidad. Sueños que apesar del tiempo, están contigo y vale la pena soñarlos; porque sin lugar a duda, por un instante, por esos instantes, te hacen sentir especial contigo mismo. Porque estás recibiendo la mayor ovación de ti mismo, sólo de tu felicidad. Felicidad que sólo tú y nadie más que tú, sonríe al soñar. Aquellos sueños que esperan recordar, esperan recordarte. Aquellos que sonríen al verte... y tú a ellos. Porque a pesar de todo, soñar si cuesta.
Siempre habrá lluvias para nadar en ellas, y siempre habrá un artista al lado del camino.















